
Se puede decir que he estado media vida fuera de Llerena, y otra media por diversos lugares. Ambas situaciones han servido a la causa. La primera, de estar en ella, para empaparme bien de esa cultura de base, que es su habla, el habla propio, y lo que me interesó, su riqueza léxica y distintiva del resto de las hablas y del castellano estandar. La otra forma, de estar fuera, y en tanto y diverso lugar ha sido fundamental para contrastar y descubrir esas palabras diferenciales. Y he adquirido cierto hábito de vigilancia y atención a mí mismo, a mí como hablante e informante a la vez.
Mi gatito andaba ayer locuelo y alegre. Lo suele estar por lo común. Es un gato sólido con un casi permanente estado de buena disposición al alborozo y la diversión. Lo que atribuyo a sus buenas costumbres de dormidas, comidas y ejercicio, incluyendo pequeñas trastadas y desaguisados en su afán por el alborozo y la algazara. A mis amonestaciones consecuentes, y mis charlas sobre el buen y sabio orden de las cosas... Estaba, como digo, dando unas carreras frenéticas, rabo gordo mediante, que el rabo se le eriza y parece el de una zorra, desde el patio a la cocina y viceversa, que a veces llegaban a lo hondo del pasillo y del salón, con vueltas y revueltas. Arremetía contra una bolsa grande de plástico abierta y extendida, situada en el patio, que era donde terminaba, por momentos, cada carrera y brinque. Y se avalanzaba sobre la misma luego de haber corrido acá y allá. Después sus mismas intenciones de arremetidas se iban contra una caja de cartón mediana, en la que se metía, salía, desde la que acechaba, mordía, saltaba y gateaba con fiesta y entusiasmo natural. Yo andaba por la cocina en alguna cosa propia de ella. Y venga gato en baraúnda de carrera para el pasillo, que trotaba y se podían oír sus pequeñas patitas sobre las baldosas, y venga gatito para el patio, donde le esperaba el plástico y la caja, o cualquiera de las cosas con las que las toma en sus cruzadas de juerga canastera.
Y llegó un momento que lo dije. ¡Vaya parvujo que le estás dando al plástico, Gurrito! (abreviatura de uno de sus nombres: Gurruñau). Porque yo a mi gato le hablo, puesto que éste me atiende, que es lo raro. No que yo le hable, sino que atienda y en no pocas ocasiones entienda. Las otras se hace el sordo y el gato. Dije la palabra que no tenía anotada todavía; pero que usaba y tenía en mi memoria como herencia cultural y léxica de mis padres y de mis paisanos. Dije parvujo y lo anoté. Tengo al respecto un cuaderno de notas en cada estancia de mi casa. Para eso y para otras muchas vicisitudes de la memoria, y no precisamente histórica ni histérica. La memoria, por fortuna, también se usa para otras faenas, trabajos, gozos, vivencias, vida cotidiana, real, presente y futura.
Parvujo, pronuncié, y repetí parvujo, referido al trasteo del gato con el plástico y la caja de cartón, al ajetreo y lucha, a la paliza. Porque esa palabra, parvujo, cuando la usamos en Llerena la referimos a paliza, darle un parvujo a alguien es darle una paliza, sea real, sea de atosigamiento o acoso metafórico. Se usa mucho en ese sentido metafórico, cuando se dice, p.e., me he encontrado a Fulanito y me ha dado un parvujo hablándome de fútbol, que a mí me importa un bledo… Parvujo.
Como siempre que anoto una nueva palabra, o que creo que es nueva, hago el pertinente trabajo de contraste y cotejo. Desde 1999 vengo por Internet y busco la palabra. Es este caso nada de nada. Por lo menos no existe en ese medio, en el que algunos creen que está todo el saber y todas las palabras. Vengo al Tesoro Léxico de las hablas andaluzas (Arcolibros, 2000), de don Manuel Alvar Ezquerra, y tampoco hay nada similar, ni aun como derivado de parva. Nada. Buen síntoma de que me quedaba alguna, siempre me queda alguna por cazar, por recopilar, por coger, por delimitar. Y me entra cierto desasosiego de que puedan ser muchas, muchísimas más palabras y se pierdan, se me pierdan… Voy al María Moliner y menos, del de la RAE nada de nada, tampoco en el Cobarrubias. Si acaso en el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico (1991, Gredos), de Corominas y Pascual, se encuentra algo en la segunda acepción de parva (pequeño, etc.), cuando expone sobre los derivados y dice aparvallar, ´atontar´…, ´aturdir´. Nada en el Diccionario de Autoridades (1990, Gredos). Y es que el significado del parvujo tiene esas connotaciones de entontecer, aturdir como resultado de dar una paliza, una tunda que atonta, aturde... Tal vez por eso la apliqué a la acción de mi gatito, que se volvió un tanto reiterativo y cansino con el ataque a los fantasmas que habitaban el plástico, la inmensa bolsa de plástico extendida, y la caja de cartón con sus fauces abiertas y tumbada en el patio… Su acción era de dar un curre a esos fantasmas, plástico y cartón; pero de maneras que aturdía, por tanto la definición, la palabra apropiada para llamar aquello, vino a mi memoria rallana y clara: ¡vaya parvujo que está dando!
Siempre en mi memoria los gatos de P,
y sobre todo P. Los quiero mucho, mucho...






¡Qué requeteguapo que está Gurru!
ResponderSuprimirEn galego, parvo es tonto o atontado, lelo... así que no le digas esas cosas tan feas a un minino tan preciosísimo y bueno.
Le quedaría bien un collar ;-)
Me ha parecido muy interesante lo que cuentas en esta entrada. Por otro lado encuentro que es entrañable y encantador el relato que haces de Gurruñau enfrascado en sus aventuras con los fantasmas del plástico y del cartón. Es un gatito precioso!. Gracias
ResponderSuprimir¡No son fantasmas, que son Gigantes, pardiez, voto a bríos!
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