Ocurrió como hace como una semana, o tal vez diez días. No recuerdo bien, que él lo tendrá bien anotado en el cogote.
Estábamos en la cocina, y habíamos terminado de desayunar. El cielo estaba claro y el día comenzaba a templar. De pronto dio un brinco y se puso a maullar como un descosido, de forma
inusual, aunque de por sí es grande charlatán, y se lanzó fiera contra la puerta que da al patio, y quería salir por entre el cristal de la ventana, dando saltos. Reaccioné rápido y le abrí a tiempo de que se no volviera a dar de cabeza contra el cristal doble de la ventana...
Estaba sobre el tejado del fondo, el que está sobre el desván, o cuarto de la calefacción, o trastero… De rayas amarillas y blancas, y medio blanca la parte delantera, mirada bella, menuda, hermosa y gata. Indudablemente se trataba de una muy linda
gatita, que miraba entre asustada e interesada para nosotros desde su ubicación
previlegiada y alta. Me escabullí, para que no me viera, a la habitación que da al patio, para mirar desde la ventana grande, que sé que no se me puede ver.
Voyeur de gatos.
Mi
gatito le maullaba en todos los tonos que le conozco, y se le iba como para subirse por la pared, corría acá y allá sin quitar la vista a la
felina, encaramada en su tejado. Ella se vino toda al borde que pudo del tejado, y miraba y alguna vez me pareció que la oí decir algo, que como la ventana tenía cerrados los cristales no quise espantar, abriéndola o dando la alarma.
Gurruñau, con el rabo todo erizado y
superinflado, se acercaba una o otra vez a la pared, miraba una y otra vez la forma de subir, y le maullaba para que bajara, en un holgorio que se me hace imposible de definir porque todo iba aprisa y desaforado. Inquieto, desosegado, y muy hermoso -llevo desde mayo con él y nunca lo he visto con un porte tan vital, tan guapo, y tan gatuno-…
La
gatita se fue replegando atrás, temerosa, poco a poco, y esta vez si le oía emitir algún miau.
Gurru saltó alguna vez, se encaramó sobre la mesa que está por los medios del patio y desde ella se ponía a dos patas, con ligeras bajadas a cuatro, en las que daba vueltas poseído de la inquietud de que la otra se le iba, y adiós, con las orejas muy tiesas y puntiagudas, el rabo largo y henchido, los
miaus certeros y tonales. En efecto la
gati se fue atrás y saltó hacia la derecha y se fue por los tejados por los que vino. Entonces entré en el patio y pude verla alejarse, por mi altura de vista, y como se paraba para verme, más de una vez, y como se iba, se iba…
Desde entonces no me vive, se desvive. Ayer, por la noche, y fue la noche que hizo más frío con diferencia, pasó como más de tres horas en el patio, casi inmóvil y sobre el suelo. Que si se pusiera sobre la mesa o la silla el frío de abajo es menos. Y mirando fijo, orejas alargadas en alerta, al tejado y la parte de la aparición de ella, de su
gatiña linda, por donde se fue. Y no quería entrar. Le abrí la persiana de la puerta, que bajé por el frío y la calefacción y todo eso, y él que ni
mu, que no entraba, prefería estar alerta por si aparecía su amor… Y así ha estado todos los días que pasaron desde que la vio por primera vez. Según sé, claro, porque esto puede ser un amor del verano, yo tal vez de la escapada… Alerta y vigilante cuando está en la cocina, y me pide que le deje salir al patio, con otro maullido más
acuciante y vivo, y sale y se queda fuera. Lo mismo le da que sea una hora que dos. Él alerta, vigilante al tejado, y de cuando en vez echa una ojeada en derredor del patio cerrado, por los otros tejados y la tapia vecina, por si ella anduviese o apareciera por otra parte…
Creo que debe haberla visto alguna vez, pues cuando lo he ido a rescatar del frío y el desvelo tenía el
rabito como erizado y estaba muy bello y vivaz, como con esa inquietud y elevación enamorada y ese
nosequé.
Me sorprende su memoria, el recuerdo vivo que le tiene… Durante gran parte del día está dormitando en la casa, en otras dependencias… Cuando entra a la cocina ¡ya estamos! ¡Qué
mau y
mau!, y que me abras la puerta, y que me come rápido y todo lo demás y como exhalación monta la vela, la custodia, vigilante y centinela del amor, guardián y guarda, cuidador, sereno, observando su atalaya, alerta en su torre baja, ojo avizor, argos de su paraíso, velador y espía de los tejados alrededor, al acecho con cautela y cuidado… Alguna noche he encendido la luz del patio, y como el toldo aun está replegado, pero cae un trozo sobre la lámpara, el viento lo mueve y hace juegos de sombras y fogonazos, según la destapa y oculta. Y todo eso cae sobre el tejado en que vio a la minina. Y se altera, se acrecienta su esperanza de que alguna sombra es ella que viene en la noche, por entre la oscuridad de algún deslumbro que hace el toldo con la luz, que tapa y foguea. Y se desvive, revive y
maúlla,
regruñe, me
regruñe cuando lo observo en esas, y me mira y me dice y le digo que no puedo hacer nada… Hasta que me exaspera en su
saliura y celo, o encelo, porque no es otra cosa, o es lo que otros llaman amor, sobre todo los humanos. Encelado, enamorado, apasionado, perdido, chalado, acaramelado, rendido, amartelado, flechado, engolosinado, vehemente,
engolimbronado (palabra de la jerga
llerenense), engatusado, ardiente, deseoso, ardoroso,
conscupicente, excitado y verriondo está mi
gatito.
Y sé que lo suyo es mero platonismo, que la
gatilla ya ni lo recuerda, como él que la tiene clavada a fuego y celo, amor y deseo en su memoria parva de
animalito. Y que a lo mejor se le pasa con este tiempo que la natura marca a felinos de encelamiento y que corre por estas fechas. Ganas me dan de ponerlo en el tejado y ,¡hala!, que ande a por su
damita...
Pero me emociona saberlo enamorado, me identifico, me
suliveiro y me transformo en otro gato que otea los horizontes pobres de esa realidad que nos subyuga. Debe ser la puta crisis o las miserias diversas que saturan esta vida, este mundo, esta existencia. Uno no sabe, y mientras acariciemos el sueño, porque mi
gatito la sueña ahora, mientras yace tumbado a mi lado, cuando escribo esto, dormido en forma de
G grande y mayúscula, con las patas estiradas y como acariciando una sombra sobre el tejado y las alturas…
Para Rosario, que me estará escuchando...